La caricatura de Salvador Dalí, convertido en un Faraón surrealista al girarla 180º, es una continuación del experimento pasado, la de Buster Keaton y el Chef, en la que la parte inferior de la cara de uno es un gorro en la del otro. En este caso es una tiara, mejor definida que el gorro de cocinero anterior, con un refrito de ornamentos según me convenía, como la serpiente cobra (labios/bigotes) con un disco solar en su cabeza (barbilla) y otro disco (medalla) coronando el gorro alto que bien podría haberme ahorrado. Para el collar uso la barra de pan que el genio ampurdanés se puso sobre la cabeza para dar el cante en algunos actos públicos sonados. Finalmente, para poder incluir el pelo largo he tenido que sugerir en los laterales del gorro algo inspirado en esto que no me atrevo a definir para que ni egiptólogos ni batmanólogos me den cuatro hostias. Aunque mantiene una de sus expresiones características, he de reconocer que se aleja un poco del ya viejo Dalí que pretendía representar.
¡Impresionante! Para mí quizá la mejor que has hecho. En un primer vistazo impacta que la segunda imagen esté contenida en la primera, parecen dos imágenes que no tuvieran nada que ver, lo que habla fantásticamente bien de la figura
Juan Luis
sábado, 07 de julio de 2007 17:15
Gracias Juan Luis. Es una de las que menos he tardado en hacer al seguir el esquema anterior. La verdad es que tocaba Woody Allen aprovechando su rodaje en Barcelona, pero con esa gran napia no hay manera, a no ser que haga a una tia con gafas de pasta en una despedida de soltera, ya que se le puede poner un pene de broma en la cabeza XDDD
Yo le conoci, ya muy mayor, aqui en Madrid en la presentación de un libro enorme que recogia su obra editado por Tusquets.
Efectivamente, ponía esa cara, para mi de bobo o ingenuo, pero transmitía una sensación de inteligencia y poderío acojonantes. Todo un genio con una vida y una obra fascinantes.