
Antes de pasar a mayores intentando hacer figuras reversibles de personajes célebres y antagónicos como comenté en la de
Pavarotti y el Che, tenía una espina clavada que hoy me puedo sacar. Los que os pasáis de vez en cuando por
aquí recordaréis que quise hacer una caricatura reversible de
Woody Allen con motivo de su rodaje en Barcelona, y no hubo manera. Su narizota era todo un problema, pero también sus gafas y cabezón, y el conjunto nunca me sugería nada para empezar a trabajar. Al leer estos días sobre el estreno de
El sueño de Casandra volví a abordarlo, y en un último intento le enfundé el gorrito que lucía por la Ciudad Condal, que ha acabado dándome la patética idea de hacer su vuelta como un hombre en una barca o en una bañera al deformarlo. Ni uno ni otro tenían mucho sentido, así que da igual la elección y la estúpida pose. Me conformo con haber conseguido sacarle al fin un reversible al neoyorquino, un calvo que se seca la cabeza con una toalla y metido en un pequeño barreño que deja el suelo perdido. Pues vale, ya lo solté y ahora me voy a tomar unas pildoritas de colores que me ha dado un señor con bata blanca. Hasta otra.
caricaturas,
reversibles,
ilusiones,
Woody Allen