Uno de los misterios de Semana Santa es la estación del
Via Crucis, en el que un tal
Simón el Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz hasta el Gólgota. Poco se sabe de éste enigmático personaje. Se dice que era de
Cirene, que venía del campo y que uno de sus hijos se llamaba
Rufo. Nada más. Pero tras minutos de exhaustiva investigación descubro que se trata de un error de transcripción en los Evangelios de
Marcos (15:21-22),
Mateo (27:32) y
Lucas (23:26). Simón no era de Cirene...
La reconstrucción de los hechos y dichos con tecnología digital de ultimísima generación nos muestra la verdad, que no era de Cirene. La frase correcta que pronunció Jesús mismo era
"Simón decir ene" tal como había pronunciado el propio hombre (o indicado con lenguaje de signos, vete a saber). Según el genealogista Will Bruces, su apellido era
Gruber, un bárbaro del norte que más tarde reencarnaría Jeremy Irons en
La Jungla de Cristo 3. Por ello, la primera teoría apunta a que la N se refiriese al Norte, y por consiguiente, cuando los romanos le obligan a llevar la cruz, el bueno de Simón habría dicho algo así como
"mi casaaa", en alusión a donde quería ir en aquel sagrado momento.
Otra teoría apunta a que en realidad aquel rudo campesino habría exclamado
¡Ñ! al hacer fuerza al levantar la cruz. Refuerza dicha versión que lo mismo ocurra en la siguiente estación del Via Crucis, en la que una tal
Verónica limpia el rostro de Jesús. También se desconoce la identidad de la muchacha, por lo que pienso que es un nombre derivado de la orden latino-aragonesa
"lave roñica", también con eñe, ya que lo que hizo la mujer fué limpiar de roña el rostro del Salvador. De nuevo se trataría pues de un error de transcripción, seguramente por no tildar la ñ ni Dios en aquellos tiempos.
Una tercera hipótesis señala que se trataría de un alquimista de la época que habría dado el símbolo del nitrógeno como un mensaje en clave que solamente Jesús podría haber entendido por conocer el futuro. Sabemos que a dicho elemento también se le llamaba
Ázoe, y que antiguamente se le representaba con el símbolo Az, primera y última letras del alfabeto, que como alfa y omega, representan la totalidad, en alusión a que Jesús lo era todo para él. Además, apoya la idea que al ser el 7 el número atómico del nitrógeno, el hombre le estaría diciendo
"sí, E.T." (siete), revelándose siervo fiel de aquel célebre extraterrestre.
Sea como fuere, el misterio de Simón, cuyo linaje ha llegado hasta nuestros días,
sigue vivo. Lo único que saco en claro es que ahí nacío el antiquísimo juego infantil
Simón dice, en el que propongo que contestar "N" debería ser comodín para librarse de la acción, como Cristo. Esa es mi conclusión.