
Resulta paradójico leer que hoy ha sido la llama olímpica apagada en dos ocasiones y metida en un autobús a su paso por París, para evitar que manifestantes protibetanos hagan precisamente eso, tratar de acabar con ella. Vistos los incidentes en el camino que lleva recorrido hasta ahora el laberinto está servido. Claro que hay vías para llevarla a su destino, o en secreto que sería absurdo o protegerla usando, como de costumbre, la represión policial, que sería otra idiotez y paradoja olímpica. A ver qué otras vías encuentras tú, porque yo estoy por la del boicot como el que ya resuena en países democráticos. No es el caso de España desafortunadamente, pero no cabe esperar otra de un estado que no deja a pueblos que somete decidir en libertad si quieren o no formar parte de él. Así nos va...
Laberinto, Olimpiadas, Pekín, 2008, antorcha, Tibet
No soy Job
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Marxiano
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